Tras
haber finalizado nuestro análisis del anuncio, podemos ahora
generalizar determinadas conclusiones a todo el ámbito publicitario
en lo referente a la presente sociedad de consumo. La etapa de la
publicidad descriptiva en la que se nos presentaba el objeto con
función práctica es propia del pasado; actualmente, la publicidad
viste de significados los productos: un perfume (en este
caso Valentina) no es tan solo la fragancia, es
también un objeto repleto de sensaciones (distinción,
libertad,naturalidad…) y una garantía de éxito, belleza, relación
social…
El
objetivo principal de cualquier spot no es mantener un lazo
comunicativo con el espectador, sino capturar su mirada y su deseo.
Su eficacia se apoya, básicamente, en el ámbito de lo visual,
transformando el producto ofertado en objeto de deseo del receptor de
manera que se genere esta frase en nuestra mente: “si
lo compro, seré feliz”.
La cantidad de estímulos a la que los individuos occidentales nos
vemos sometidos diariamente es asombrosa (unos 20.000 estímulos
visuales relativos a más de 500 marcas; de 300-1000 mensajes
comerciales). De esos, menos de una decena conseguirán modificar
nuestros hábitos de consumo de alguna forma. Así que, para captar
la atención del receptor, la creatividad de los publicistas es
fundamental. Pero además, los spots están impregnados de
simbologías características que forman parte de su adecuación al
target y hacen que sean o no asimilados por el consumidor potencial.
Algunas
de las preguntas que nos hacíamos antes de iniciar este análisis
era: ¿Qué es lo que buscan los spots? ¿Por qué se destinan a
ellos tantos recursos? La primera respuesta es la seducción; en
cuanto a la segunda, ese porqué es la efectividad. Como desenlace de esta historia, pudimos llegar a la firme conclusión la publicidad es
un arma tanto poderosa como rentable, y en ella se reflejan nuestras decisiones más de lo que solemos creer.

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